
América Latina se debate entre el auge de religiones (Análisis)
El Tiempo - Bogotá (Colombia)sábado 2 de abril de 2005
Evangelistas, sectas y nuevos cultos asedian a la Iglesia Católica y su futuro dependerá, en gran parte, de la elección de un nuevo pontífice.
Un cruel enigma aparece, como una obsesión, cada vez que los cardenales se reúnen en el Vaticano para evocar el futuro de la Iglesia: "¿Durante cuánto tiempo se podrá seguir diciendo que la mitad de los católicos del mundo está en América Latina?".
América, incluyendo Estados Unidos y Canadá, concentra 528 millones de los 1.100 millones de católicos del mundo, según el anuario estadístico de la Santa Sede.
Sin embargo, ese predominio -que prevalece casi inalterable desde hace 500 años- corre peligro de desaparecer a corto plazo.
Dentro de la Iglesia Católica, desde el Papa Juan Pablo II hasta el más humilde de los misioneros, nadie es insensible al avance registrado en los últimos años por las otras religiones cristianas, las prácticas afro-americanas, las sectas e incluso el agnosticismo que manifiesta una parte de la población latinoamericana.
Para comprender los motivos de esa inquietud, alcanza con mirar atentamente la proliferación de salas de cine convertidas en templos, radios y canales de TV que difunden programación religiosa durante las 24 horas, la creciente participación de líderes evangélicos en política y el éxodo de creyentes que parten seducidos por el mesianismo de las sectas o el exotismo de las prácticas afro-americanas.
"Se trata de un fenómeno muy grave, que requiere de una respuesta urgente y responsable", reconoció monseñor Cipriano Calderón, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, en su reunión plenaria del 24 de marzo último.
Una parte importante de ese cónclave estuvo consagrada a examinar los retos que acechan a la Iglesia Católica en el continente.
Calderón admitió la preocupación que existe en la jerarquía eclesiástica cuando evocó la hemorragia que sufre el catolicismo debido a la "cantidad de fieles que continuamente pierde la iglesia porque se van a las sectas o dejan sin más la religión cristiana".
Como ejemplo, mencionó a Puerto Rico y Guatemala y -en particular- señaló los casos de los dos países con mayor número de católicos en el mundo: Brasil (147 millones) y México (91 millones).
El Papa Juan Pablo II fue el primero en admitir el peso específico que tiene América Latina dentro del catolicismo. Durante su pontificado, se ha incrementado la presencia de prelados del continente en la curia romana y también aumentó el número de cardenales.
De los 37 purpurados latinoamericanos que existen en la actualidad, 22 tienen menos de 80 años y -por lo tanto- podrán integrar el Sacro Colegio que designará al próximo Papa.
Esos progresos, impensables hace unos 25 años cuando Juan Pablo II se instaló en el trono de San Pedro, contrastan con el acelerado crecimiento de las iglesias evangélicas en los países de la zona: al finalizar el siglo XXI los evangélicos constituirán 30% de la población de la región, estima el investigador estadounidense David Stoll en su libro "¿América Latina se vuelve protestante?".
Ese fenómeno ya está ocurriendo en Guatemala, donde 31% de la población es evangélica, y empieza a alcanzar dimensiones importantes en países como Chile (25%) y Brasil (15,4%).
Stoll atribuye la expansión de las doctrinas protestantes a una intensa campaña de penetración lanzada por varias iglesias de Estados Unidos, con el apoyo del gobierno de Washington, y que se intensificó en América Central en la década de los ochenta.
El objetivo de esa ofensiva era frenar el avance de la Teología de la Liberación, una reflexión de sacerdotes católicos que priorizaban la llamada opción preferencial por los pobres y la acción política.
Washington consideraba esa posición como peligrosamente cercana al comunismo.
Las luces de alarma se encendieron en Estados Unidos cuando varios sacerdotes se incorporaron al gobierno que asumió el poder en Nicaragua después de la caída de Anastasio Somoza. Los exponentes más visibles de ese fenómeno fueron Miguel Descoto y el poeta Ernesto Cardenal, que ocuparon cargos ministeriales en la Revolución Sandinista de 1979 a 1991.
El Tiempo - Bogotá (Colombia)sábado 2 de abril de 2005
Evangelistas, sectas y nuevos cultos asedian a la Iglesia Católica y su futuro dependerá, en gran parte, de la elección de un nuevo pontífice.
Un cruel enigma aparece, como una obsesión, cada vez que los cardenales se reúnen en el Vaticano para evocar el futuro de la Iglesia: "¿Durante cuánto tiempo se podrá seguir diciendo que la mitad de los católicos del mundo está en América Latina?".
América, incluyendo Estados Unidos y Canadá, concentra 528 millones de los 1.100 millones de católicos del mundo, según el anuario estadístico de la Santa Sede.
Sin embargo, ese predominio -que prevalece casi inalterable desde hace 500 años- corre peligro de desaparecer a corto plazo.
Dentro de la Iglesia Católica, desde el Papa Juan Pablo II hasta el más humilde de los misioneros, nadie es insensible al avance registrado en los últimos años por las otras religiones cristianas, las prácticas afro-americanas, las sectas e incluso el agnosticismo que manifiesta una parte de la población latinoamericana.
Para comprender los motivos de esa inquietud, alcanza con mirar atentamente la proliferación de salas de cine convertidas en templos, radios y canales de TV que difunden programación religiosa durante las 24 horas, la creciente participación de líderes evangélicos en política y el éxodo de creyentes que parten seducidos por el mesianismo de las sectas o el exotismo de las prácticas afro-americanas.
"Se trata de un fenómeno muy grave, que requiere de una respuesta urgente y responsable", reconoció monseñor Cipriano Calderón, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, en su reunión plenaria del 24 de marzo último.
Una parte importante de ese cónclave estuvo consagrada a examinar los retos que acechan a la Iglesia Católica en el continente.
Calderón admitió la preocupación que existe en la jerarquía eclesiástica cuando evocó la hemorragia que sufre el catolicismo debido a la "cantidad de fieles que continuamente pierde la iglesia porque se van a las sectas o dejan sin más la religión cristiana".
Como ejemplo, mencionó a Puerto Rico y Guatemala y -en particular- señaló los casos de los dos países con mayor número de católicos en el mundo: Brasil (147 millones) y México (91 millones).
El Papa Juan Pablo II fue el primero en admitir el peso específico que tiene América Latina dentro del catolicismo. Durante su pontificado, se ha incrementado la presencia de prelados del continente en la curia romana y también aumentó el número de cardenales.
De los 37 purpurados latinoamericanos que existen en la actualidad, 22 tienen menos de 80 años y -por lo tanto- podrán integrar el Sacro Colegio que designará al próximo Papa.
Esos progresos, impensables hace unos 25 años cuando Juan Pablo II se instaló en el trono de San Pedro, contrastan con el acelerado crecimiento de las iglesias evangélicas en los países de la zona: al finalizar el siglo XXI los evangélicos constituirán 30% de la población de la región, estima el investigador estadounidense David Stoll en su libro "¿América Latina se vuelve protestante?".
Ese fenómeno ya está ocurriendo en Guatemala, donde 31% de la población es evangélica, y empieza a alcanzar dimensiones importantes en países como Chile (25%) y Brasil (15,4%).
Stoll atribuye la expansión de las doctrinas protestantes a una intensa campaña de penetración lanzada por varias iglesias de Estados Unidos, con el apoyo del gobierno de Washington, y que se intensificó en América Central en la década de los ochenta.
El objetivo de esa ofensiva era frenar el avance de la Teología de la Liberación, una reflexión de sacerdotes católicos que priorizaban la llamada opción preferencial por los pobres y la acción política.
Washington consideraba esa posición como peligrosamente cercana al comunismo.
Las luces de alarma se encendieron en Estados Unidos cuando varios sacerdotes se incorporaron al gobierno que asumió el poder en Nicaragua después de la caída de Anastasio Somoza. Los exponentes más visibles de ese fenómeno fueron Miguel Descoto y el poeta Ernesto Cardenal, que ocuparon cargos ministeriales en la Revolución Sandinista de 1979 a 1991.



